El negocio de las vacunas para niños y niñas

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Ollin Rafael/Odisea Global.

Se sabe que las grandes empresas farmacéuticas mantienen los precios de los medicamentos muy altos (de ello dependen sus millonarios beneficios), debido, dicen, a los costes de la investigación y el desarrollo. Los datos, por su puesto, son extremadamente opacos, poco se sabe acerca de las cuentas de las empresas: ¿cuánto gastan en investigación? ¿cuánto les cuesta el desarrollo de tal o cual medicamento? ¿cuánto vale producir cierta medicina? etc. Aunque a veces, cuando sale a la luz algún dato, la sociedad civil se sorprende. Por ejemplo, a raíz del movimiento de los enfermos de hepatitis C en España que reclaman que la sanidad pública se haga cargo de un nuevo tratamiento para curarlos, sabemos que la farmacéutica que desarrolló el medicamento cobra por el tratamiento 60 mil euros, alrededor de un millón de pesos mexicanos. Y ante esta monumental cifra surgen otras preguntas: ¿cuánto dinero invirtió la farmacéutica en el desarrollo de este medicamento? ¿Cuánto tuvo que haber gastado para que cada tratamiento valga un millón de pesos? ¿No sería posible que la empresa, al saber que su medicina le puede salvar la vida a alguien, le esté poniendo precio no al tratamiento sino a la vida? ¿Cuánto vale la vida de una persona? ¿60 mil euros?

Según la Organización Mundial de la Salud, hoy en día, todavía hay 22.6 millones de niños y niñas en todo el mundo que no reciben el paquete de vacunas básicas que les podrían evitar enfermedades graves causantes de discapacidad o muerte. A pesar de que se ha alcanzado una alta cifra de vacunación para algunas enfermedades como la difteria, el tétanos y la tos ferina, aún es muy baja para enfermedades como Haemophilus influenzae tipo b (Hib), causante de la meningitis y la neumonía, el neumococo y el rotavirus. Y es así que, aunque en los últimos años la mortalidad ha disminuido mucho, ha pasado de 12.6 millones de fallecimientos en 1990 a 6.3 millones actualmente, todavía hay millones las muertes de niños pobres que podrían evitarse.

Por esto es tan importante el documento con el que la semana pasada, Médicos Sin Fronteras les exigió a las compañías farmacéuticas GlaxoSmithKline (GSK) y Pfizer que disminuyeran el precio de la vacuna contra el neumococo a 5 dólares por niño en los países en desarrollo. La petición venía acompañada de ”La mejor vacuna: por un acceso sin barreras a vacunas asequibles y adaptadas”, un duro informe sobre los precios de las vacunas que muestra como en los países pobres, entre el 2001 y el 2014, el coste de vacunar a un niño o una niña ha aumentado 68 veces.

Según Rohit Mapani, director de Políticas y Análisis de la Campaña Acceso a medicamentos esenciales de MSF, “el precio por proporcionar el paquete completo de vacunas a un niño es hoy (…) más caro que hace tan solo una década, fundamentalmente porque las grandes compañías farmacéuticas han aumentado los precios a donantes y países pobres de aquellas vacunas con las que ya ganan miles de millones de dólares en los países ricos”, es por ello, continúa Mapani, que “pedimos a los donantes que pongan sobre la mesa una suma adicional de 7.500 millones de dólares para poder pagar las vacunas de los países pobres durante los próximos cinco años, teniendo en cuenta, además, que un tercio de esta cantidad irá destinada a sufragar los elevados precios de una sola vacuna, la antineumocócica (la enfermedad mata cada año alrededor de un millón de niños en todo el mundo). Baste el ejemplo para reflexionar sobre cuanto más dinero de los contribuyentes podría traducirse en más niños vacunados si las vacunas fueran más baratas. Creemos que es momento de que GSK y Pfizer pongan de su parte para hacer las vacunas más accesibles y durante más tiempo, ya que los descuentos que a día de hoy ofrecen estas compañías no son suficientes”.

La vacuna contra el neumococo significa aproximadamente la mitad del costo de todo el paquete de vacunas para niños y niñas. De la venta de esta vacuna GSK y Pfizer ya han obtenido 19 mil millones de dólares, mucho más que el dinero que han invertido.

Por eso, MSF también pide mayor transparencia pues la información sobre las negociaciones entre los estados y las compañías farmacéuticas es de difícil acceso dado que la industria oculta deliberadamente la información para poder controlar los precios. Elder Kate, la asesora de Políticas de Vacunas de la Campaña de Acceso de Médicos Sin Fronteras, dice que “nos encontramos situaciones irracionales en las que países en vías de desarrollo como Marruecos y Túnez pagan por la vacuna contra el neumococo un precio mucho más caro que Francia (…) necesitamos situar la salud pública por delante de los beneficios económicos; las vacunas que salvan la vida de niños no deberían ser un gran negocio”.

Las vacunas no solo salvan vidas según Seth Berkley, presidente de Gavi, the Vaccine Alliance, una organización dedicada a promover la vacunación, también pueden “mejorar a largo plazo las perspectivas educativas de un niño. Y su familia y la comunidad en general pueden beneficiarse de ello”. “Todos sabemos”, continua Berkley en un artículo publicado la semana pasada en El País, “que los niños sanos no necesitan un tratamiento médico o unos cuidados especiales que cuestan tiempo y dinero. Si se evita la enfermedad, los niños tienen mayores oportunidades de crecer sanos, asistir a la escuela y convertirse en miembros productivos de la sociedad. Mientras tanto, y en lugar de quedarse en casa cuidando de sus hijos enfermos, los padres pueden salir a trabajar y aumentar las posibilidades de ganar dinero. Así pues, en vez de incurrir en gastos médicos están incrementando sus ingresos y su capacidad para gastar. El acceso a la vacunación en definitiva repercute en el crecimiento económico”.

Es la hora de que los estados defiendan ante cualquier interés económico el interés de sus ciudadanos y por lo tanto también el de todos los niños, las niñas y los adolescentes. Para lograrlo es imprescindible mayor transparencia. Los ciudadanos de cada país deben exigir que las negociaciones entre sus estados y las empresas privadas se hagan a puertas abiertas.

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